jueves, 1 de enero de 2009

Cuadri, ADN triguereño

A la hora de intentar resumir a un visitante las virtudes, los emblemas, los monumentos y las peculiaridades típicas de Trigueros, todos los que hemos nacido en esta villa recurrimos a sus mejores muestras de historia y buen hacer para describir nuestro pueblo. No faltan en nuestras descripciones el Dolmen de Soto, la Iglesia de San Antonio Abad, el Pilar, el Carmen en sus dos versiones, civil y religiosa, el ajado Convento de Santa Catalina o las dehesas y parajes de nuestro alrededor. Cuando nos referimos al patrimonio culinario o festivo, San Antonio Abad es nuestro primer referente, junto a Él, los toros, la romería, las perrunillas, la tostá y los revoltillos. Solemos también hablar de nuestra banda de música, de la coral e incluso de algún que otro artista que ya apunta maneras fuera de nuestro pueblo.



A partir de ahora, y tras meses de investigación, los triguereños y triguereñas debemos incluir entre los símbolos de nuestro pueblo, una palabra, un apellido que todo aquel que lo lleva puede afirmar que sus orígenes están aquí. Es correcto afirmar que todo aquel que tenga Cuadri por apellido es triguereño, en una u otra generación, nacido aquí o hijo de emigrante, pero triguereño de sangre. Por sus cuerpos corre puro ADN triguereño.



La leyenda del apellido Cuadri se remonta al siglo XVIII. Este mito popular, cuya veracidad es, en mi opinión, cada vez más demostrable, habla de que a la restauración de la Parroquia de San Antonio Abad, tras el terremoto de Lisboa en 1755, acudió un señor italiano, cuya profesión no está muy clara, pero que encandiló a muchas triguereñas durante esta época y que perpetuó en Trigueros su domicilio y vida familiar.



El apellido de este individuo era Quadri. Se da la casualidad de que en el mismo año del terremoto, 1755, se funda en la veneciana Plaza de San Marcos el conocido Café Quadri. Un importante restaurante, fundado por Giorgio Quadri y que permanece abierto en la actualidad como uno de los referentes gastronómicos de la ciudad de los canales. Los lazos familiares entre el hostelero veneciano y el restaurador semitriguereño no están demostrados, aunque puestos a imaginar es posible que incluso fuesen del mismo linaje, algo poco probable ya que el apellido Quadri si es bastante frecuente en Italia. Es más, una pequeña aldea del país de la pasta lleva este nombre y a lo largo de la historia, varios caballeros de gran importancia para el devenir italiano también portaron este apellido. La heráldica no da respuesta concreta a los símbolos de este apellido, mientras que la etimología afirma que el apellido Quadri procede de la antigua Roma, ya que de esta forma eran conocidos aquellos propietarios de un quadro de tierra, medida agraria utilizada en la época de los césares. Es más, para hacer honor a la verdad, en España aparecen censados en 2005 seis ciudadanos con el apellido Quadri, cuyo origen es directamente italiano, proveniente de los Quadri actuales.



En relación a la historia del desarrollo de los Cuadri en Trigueros, el archivo municipal del Ayuntamiento ofrece datos que corroboran aún más la leyenda del obrero italiano. El primer padrón de habitantes de Trigueros que se conserva pertenece al año 1821, en este año sólo hay en nuestro pueblo ocho personas mayores de edad que poseen el apellido Quadri, algunas de ellas ya tienen hijos e hijas, sin embargo tan sólo cuatro superan los 40 años, siendo la vecina María Antonia Quadri, nacida en 1762 y residente en la calle Olleros, la más anciana de los Quadri que habitan en Trigueros. Estos datos vienen a aclarar que entre 1762 y 1774, año de nacimiento de Juan Quadri, nacieron en Trigueros cuatro personas con este apellido. Estos nacimientos ocurrían tan sólo siete años después del terremoto y es bastante probable que todos ellos formaran parte en principio de una misma familia, la creada por el misterioso restaurador. En 1821, con un censo total de 1090 personas, Trigueros contaba ya en total, sumando mayores y niños, con 22 Quadris entre sus habitantes, todavía marcados por la Q de herencia italiana.



Los censos de habitantes custodiados en el archivo municipal dan un tremendo salto hasta el año 1900. En estas fechas el apellido Quadri ya se ha extendido de forma sorprendente por todo Trigueros y su escritura ha evolucionado hacia el actual Cuadri. Es también arriesgado, pero bastante seguro afirmar que el número de españoles con este apellido en esa época superaba al actual. De esta forma, el apellido fue evolucionado y extendiéndose por toda España desde Trigueros de forma lenta y arraigada. En 2005 el Instituto Nacional de Estadística asegura que existen en tan sólo 290 personas con el apellido Cuadri, de las cuales 135 lo tienen como primero y 155 lo llevamos como segundo apellido.



Los datos del INE sólo ayudan a ratificar la afirmación de que todos los Cuadris somos triguereños. De los 290 actuales, 226 han nacido en la provincia de Huelva. El resto son en su mayoría nacidos en Sevilla, se trata en gran parte de los hijos y nietos de algunos triguereños, un total de 27. Madrid con seis, cinco de ellos hijos del emigrante triguereño Manuel Cuadri Garrido, y Barcelona con cinco, son las otras dos provincias donde han visto la luz más personas con este apellido. Las 17 restantes están repartidas por otras provincias españolas.



En cuanto a los lugares de residencia la estadística apunta de nuevo a Huelva como principal destino. Dentro de nuestra provincia, los padrones de Beas, Gibraleón, Aracena, Isla Cristina, Los Marines, Ayamonte, Lepe, Valverde del Camino, Aljaraque o Huelva, entre otros, cuentan junto con Trigueros con Cuadris entre sus habitantes. Fuera de nuestra tierra, la provincia de Sevilla es la que más personas con este apellido posee, 35 en total. Trece hay en Barcelona, seis en Baleares y cinco en Madrid. Posiblemente las cifras hayan variado suavemente estos años hacia arriba o hacia abajo, pero sin grandes evoluciones.



Con estos datos, y a pesar de dejar mucha información por narrar y descubrir, se puede hablar del apellido Cuadri como una curiosa parte del patrimonio de todos los triguereños y una interesante historia que exportar fuera de nuestro pueblo. La trascendencia de este apellido es importante fuera de nuestras fronteras. Además varias circunstancias han hecho que Cuadri sea un apellido que suene fuera de Trigueros en diferentes foros como referente de diversas actividades. Sin duda alguna, la ganadería taurina de Celestino Cuadri, gestionada ahora por sus hijos, ha sido el principal estandarte del apellido en toda España. Los toros de Cuadri, los cuadris, se han ganado el respeto de aficionados a la tauromaquia y ganaderos por su imponente porte, bravura y nobleza. De la misma familia, el director de cine, Antonio Cuadri ha paseado el apellido por la televisión, las salas de cine y varios festivales de nuestro país y el resto del Mundo. Por su parte, una agradecida hija, colocó el nombre de Óptica Cuadri al establecimiento que posee en pleno centro de Sevilla, a mitad de la calle Feria. Consciente de la peculiaridad del segundo apellido de su padre, el prestigioso ginecólogo José Santiago Cuadri, la propietaria bautizó su óptica con el apellido triguereño.



Una llamativa historia es también la que me cuenta José Ignacio Pérez-Cuadri Rodríguez, un simpático estanquero del barrio hispalense del Porvenir, cuyas hermanas y él mismo adoptaron los dos apellidos paternos para evitar perder el Cuadri, debido a lo extraño y curioso del apellido. Estos sobrinos del responsable de correos durante años de Trigueros, José Pérez Cuadri, fueron conscientes de lo que este apellido significaba

y se sienten orgullosos de conservarlo. De la misma forma la familia Díaz Cuadri, emigrantes en Barcelona, ha conseguido gracias a una carambola del destino mantener el apellido, ya que el titular de la familia, José Díaz Cuadri, debía legar a sus hijos el primer apellido, sin embargo se da la circunstancia de que su esposa se llama Antonia Cuadri, con lo cual ahora los hijos de la familia vuelven a ser Díaz Cuadri.



La historia triguereña no ha tenido entre sus protagonistas muchos Cuadris. En 1931, el republicano Juan Cuadri Fernández se hizo con la alcaldía de nuestro pueblo. Los datos sobre la guerra civil española arrojan el nombre de Pedro Cuadri Gálvez, del bando rojo, como única víctima con este apellido. Más adelante, en 1966, Celestino Pérez Cuadri era elegido alcalde durante el franquismo.



El futuro del apellido Cuadri en Trigueros, Huelva y Sevilla está asegurado. En nuestro pueblo y provincia existe un gran número de varones pertenecientes a mi familia, los Cuadri Vides y otras ramas del apellido que atesoran la supervivencia del sobrenombre. De todas formas, ahora la ley permite colocar el apellido de la madre en primer lugar, con lo cual quien lo desee puede conservar este pedazo de la historia triguereña en su nombre. Fuera de estos tres lugares, Barcelona, Madrid y Baleares también pueden mantener de manera más comedida el apellido entre sus habitantes. La principal valedora de este hecho será la familia Cuadri Duque, repartida por varios puntos de la geografía española, así como los hijos y nietos de muchos triguereños residentes ya fuera de los límites andaluces.



La historia del apellido Cuadri forma parte de la historia de Trigueros, lejos de la vanidad, esta pequeña aportación sobre una curiosa peculiaridad de nuestro pueblo debe hacerse patrimonio de todos, posean o no este apellido. Estoy seguro, y tras repasar muchos papeles que historias triguereñas como esta se encuentran aún por descubrir, pero la singularidad de esta leyenda, el hecho de que actualmente sólo seamos 290 los españoles con este apellido, y sobre todo la idea de que todos procedamos de Trigueros, son razones de sobra para dedicar a los Cuadri este pequeño homenaje.

martes, 1 de enero de 2008

Los monjes antonianos, militares en nombre de San Antonio Abad

La orden de San Antonio Abad, es decir, los monjes antonianos, tuvieron dos ocupaciones principales, salvar vidas por un lado, y salvar la fe cristiana y los territorios en los que el Islam amenazaba con acabar con el cristianismo, por otro. Sin embargo los escritos no hablan de ningún cruce entre estas dos órdenes de la Iglesia, más allá de sus hábitos y la veneración a su patrón, y el nuestro, San Antonio Abad.

La orden militar de San Antonio Abad se crea hacia el año 370, en Abisinia, la actual Etiopía. Los monjes antonianos militares vestían un hábito negro, sobre el que llevaban colgada una gran Tau, o cruz de San Antonio Abad, de color azul. Las flores de lis que portaban en sus capas los distinguían del resto de sacerdotes que también estaban bajo la advocación del Santo de Coma, pero éstos dedicados a difundir la fe. Los monjes militares antonianos tuvieron su origen en el capricho del Emperador Juan de Abisinia, que aterrado por el avance del Islam en sus territorios, formó un ejército de monjes bajo la protección del patrono de la zona, que no era otro, que San Antonio Abad.

De esta forma se creó la primera orden militar de monjes dedicada a San Antonio Abad. La misión que se les encomendó fue la de “morir en la defensa de la Fe Católica, guardar los confines del Reino e Imperio, obediencia a la Santa Iglesia Romana, a su señor natural y a sus Superiores”. Para llevar a cabo sus tareas, la Orden se dividió en dos grupos, perfectamente diferenciados, los monjes y los caballeros. Cada uno de estos grupos poseía sus casas, mandos, actividades y reglamentos. Los nobles y los vasallos del reino estaban obligados a entregar sus segundos y terceros hijos a la Orden, y ésta a su vez, tenía la deuda de dedicar tres mil de sus caballeros a la defensa y el servicio del emperador. Los nuevos integrantes de la Orden debían cumplir con un estricto noviciado antes de formar parte de la milicia cristiana. Este período de formación y prueba, consistía en pasar tres años en el presidio del mar Bermejo, en tierras etíopes. Después de otros tres años en la Isla de Meroe, frente a Egipto, y otros tres en la frontera con Bonu ya estaban preparados. En ese momento la Orden les otorgaba el Hábito de San Antonio Abad, a partir de ese instante el juramento les obligaba a no pelear entre cristianos, guardar obediencia a Roma y no casarse sin licencia del Papa.

El hábito que les era impuesto a estos nuevos Caballeros Comendadores de la Orden de San Antonio Abad, llevaban todos en común una llamativa y representativa Tau azul. Sin embargo, los monjes vestían túnicas con las mangas cerradas y la capucha sobre la cabeza, mientras que los militares de San Antón portaban sus túnicas con las mangas abiertas hasta el suelo y con pequeños bonetes en la cabeza. Las diferencias entre monjes y militares bajo la advocación del Patrón de los animales no quedaban sólo en las vestimentas, la vida de los dos grupos era bastante diferente.
Por un lado los monjes dedicados a la contemplación, el rezo y la vida espiritual se afanaban por parecerse cada día más a su líder espiritual, el padre de la vida monacal, San Antonio Abad. Para estos monjes las salidas del monasterio estaban prohibidas y las comunicaciones con el exterior se encontraban meticulosamente reguladas, mientras que los militares pasaban la mayor parte del tiempo fuera de los conventos desarrollando labores de guerra y planificación bélica.

La orden militar no proliferó por Europa, ni mucho menos en España. Sin embargo, los monasterios en honor a San Antonio Abad si poblaron la cornisa norte de nuestro país. Castrojeriz y Olite fueron claros ejemplos de ello. En estas dos ciudades norteñas, los hospitales de la Orden de San Antonio Abad desarrollaron su labor con gran profundidad y arraigo.

La fundación de esta rama de los monjes antonianos en el año 1095, aprobada por el Papa Urbano II, fue mucho más interesante según cuenta la leyenda. Todo comenzó con la terrible epidemia de la enfermedad del “fuego sagrado” que invadió Francia en el siglo IX, justo después de que llegaran a tierras galas los restos de nuestro Santo patrón. Hubo miles de enfermos, y:
“Entre los miles de afectados se encontraba Girondo de Valloire, hijo del noble Gastón de Valloire quien, viendo peligrar la vida de su vástago, hizo voto de ofrecer sus personas y bienes a San Antonio Abad si por su intercesión restituía la salud a Girondo.
Padre e hijo aceptaron tal voto y al día siguiente el enfermo comenzó a mejorar. Esa misma noche, Gastón tuvo un sueño en el que San Antonio le decía que había curado a su hijo gracias a la petición que había hecho a Dios.
Por tanto, solicitaba que los bienes ofrecidos se emplearan en socorrer a los afectados por el fuego sagrado. Mientras hablaba el santo ermitaño, Gastón pensaba si su hacienda alcanzaría para todos los enfermos y pobres como acudirían de las provincias afectadas. Fue entonces cuando san Antonio le ofreció su báculo en forma de la letra griega «tau» y le mandó que lo hincase en la tierra. Obedeció el noble los santos designios y vio cómo crecía súbitamente un gran árbol cuyas ramas se esparcían en todas direcciones, produciendo gran abundancia de flores y frutos, bajo los cuales se veían muchos pobres sin pies ni manos que, en presencia de tan gloriosa sombra, se recreaban y consolaban.
Ante la atónita mirada de Gastón, san Antonio procedió a explicarle tal visión: «Advierte que tú has de plantar un árbol en el tronco de la piedad y en la raíz de la caridad, y este árbol extenderá sus ramas muy largamente y de sus frutos se sustentarán los pobres».
A los pocos días de esta visión, Girondo, se levantó completamente restablecido. Fue entonces cuando padre e hijo donaron sus personas y hacienda a san Antonio, cosieron en sus vestiduras la señal del báculo que les había dado el ermitaño e iniciaron la tarea encomendada: nacía así la Orden de los Caballeros de San Antonio Abad”(1)

(1) Texto extraído del artículo La Orden de la Tau, publicado por la web La Historia Ignorada